Horacio Quiroga, cuentos de la selva

La provincia de Misiones y sobre todo la Selva Misionera, deben gran parte de su fama y conocimiento gracias al gran escritor, cuentista y poeta uruguayo Horacio Silvestre Quiroga Forteze, más conocido como Horacio Quiroga.

 

Quiroga nació en la ciudad de Salto, Uruguay, el 31 de diciembre de 1878 y realizó sus estudios en la capital, Montevideo, hasta finalizar el secundario.

Desde adolecente comenzó a interesarse por la literatura, la química, fotografía, la mecánica,la vida de campo y el ciclismo, fundando la Sociedad de Ciclismo de Salto y convirtiéndose más tarde en fundador de la Revista de Salto.

Fue su primer amor María Esther Jurcovski quien lo inspiró para escribir sus dos grandes obras “Las sacrificadas” y “Una estación de amor”. Luego de presenciar el suicidio de su padrastro y adquirir su herencia, decide utilizar el dinero para viajar a Paris. Este viaje lo devuelve a su país natal sin dinero y desprolijo, una travesía que dejó relatada en la obra “Diario de un viaje a París”.


Horacio Quiroga en Misiones

A sus 25 años emprendió un viaje a Misiones como fotógrafo, acompañando a su amigo Leopoldo Lugones. Una vez que llega a esta bellísima provincia argentina se queda tan maravillado con el paisaje y el lugar que decide comprar un terreno de 180 hectáreas junto al Río Paraná, en San Ignacio, a solo 60 km de Posadas, la capital de la provincia.

6 años después finalmente se instala en San Ignacio y allí conoce a Ana María Cires, una de sus alumnas, que después se convirtió en su esposa. Fue a ella a quien le escribió su primer novela: “Historias de un amor turbio”.

Durante su tiempo en San Ignacio publicó algunos relatos en revistas como Caras y Caretas y Fray Mocho, fue nombrado como Juez de Paz del Registro Civil de San Ignacio, se dedicó a la producción de yerba mate, mani y cítricos. También experimentó con químicos y hasta logró embalsamar aves.

Siempre mantuvo un contacto cercano con la naturaleza y su fauna; algunas de sus mascotas eran animales de selva y tal es así que hasta una víbora fué una de ellas.
También se ocupó de criar animales como coatíes, a quienes les dedicó uno de sus capítulos en su obra infantil “Historia de dos cachorros de coatí y dos cachorros de hombre” y de flamencos, también citados en uno de los capítulos de cuentos de la selva “Las medias de los flamencos”.

En sus tiempos en la selva tuvo 2 hijos, Eglé y Darío Quiroga, a quienes educó personalmente, enseñándoles además a pasar cualquier tipo de situación que podría ocurrir viviendo en medio de la selva.

Traslado a Buenos Aires

Luego de unos años su esposa se suicida y Quiroga decide abandonar la selva y dirigirse a Buenos Aires con sus hijos, continuando con su obra literaria como es el caso de “Cuentos de amor de locura y de muerte”. Más tarde, publica el famoso libro “Cuentos de la Selva” inspirado en toda su experiencia viviendo en la Selva Misionera, con los animales, rodeado de gran vegetación. Este libro, dedicado a sus dos hijos, rinde homenaje a la exuberante naturaleza de Misiones y a los animales que la habitan.

“Cuentos de la Selva” marcó la infancia de muchos argentinos, ya que es uno de los principales libros recomendados por profesores durante el transcurso de la escuela primaria, siendo la entrada al mundo de los animales para los más chiquitos. A través de sus libros Horacio Quiroga plasmaba todo lo que significó para él vivir en medio de la Selva. Un gran ejemplo de esto es su famosa obra “La Guerra de los Yacarés”, donde podemos admirar la naturaleza de entonces a través de sus palabras, ya que hoy en día las condiciones no son las mismas, ni la vegetación es igual.

Durante estos años también fundó la Agrupación Anaconda, conformada por un grupo de intelectuales que realizaban actividades para Argentina y Uruguay, y más tarde dio a conocer su primera y única obra teatral “Las Sacrificadas”, estrenándose al año siguiente.

En el año 1928 publicó en la revista Babel “El Decálogo del perfecto cuentista”, donde establece ciertas pautas sobre la escritura con especial énfasis en cuanto a la estructura, la tensión narrativa, la construcción de la historia y el impacto del final. En el Decálogo también manifiesta sus teorías sobre el cuento como unidad emocional y menciona a algunos de sus referentes como el estadounidense Edgar Allan Poe, Kipling y Anton Chejov.

Años después regresa a Misiones, se instala en la selva nuevamente y se enamora de una joven. Después de reiterados intentos por querer llevarla a vivir con él a la selva y ante la negativa por parte de sus padres, decide plasmar dicha historia en “Pasado amor”. Es en esa misma época cuando arma su propio taller en su casa y donde construye una barca llamada “Gaviota” la cual utilizó para trasladarse desde Misiones hasta Buenos Aires y hacia otras expediciones por otros ríos.

En 1927 escribe su libro de cuentos “Los desterrados” y se enamora nuevamente de una joven (rasgo característico de su vida amorosa), en este caso de una ex compañera del colegio de su hija Eglé. En el año 1932 regresa a la selva misionera con su última esposa y su tercer hija María Helena, momento en que se publica la colección de cuentos “Más allá”.

Años después le descubren una enfermedad, lo trasladan a Posadas para ser analizado por médicos y luego su esposa e hija lo abandonan, dejándolo solo en la selva.

En 1937, debido al avance de su enfermedad, viaja a Buenos Aires. En la ciudad es acompañado por grandes amigos y su última esposa pero después de conocer la gravedad de su enfermedad y ante el padecimiento de grandes dolores, decide poner fin a su vida a los 58 años de edad.

Horacio Quiroga en la actualidad

Horacio Quiroga dejó un gran legado lleno de grandes y maravillosas obras, muchas de las cuales marcaron la historia de la literatura hispanoamericana. Además, hoy en día es posible visitar el Museo Provincial Horacio Quiroga, una réplica del sitio donde vivió parte de su vida e historias, acompañado de la grandeza y el verde de la selva a su alrededor, que no solo influyó en su trayectoria como escritor sino que también lo marcó tanto como para regresar a la misma en varias ocasiones.

Este Museo se ubica en San Ignacio, a orillas del Río Paraná, muy cerca de las Ruinas de San Ignacio Miní. Combinar ambas visitas puede resultar muy interesante, sobre todo para los amantes de la historia y la naturaleza.

En su interior se encuentran elementos que pertenecieron al escritor como su preciada máquina de escribir, artículos personales, fotografías, vajilla y muebles. Es posible visitarla de lunes a domingos de 8 a 17 hs. El lugar cuenta con un Centro de visitantes, centro cultural, auditorio, cafetería y sanitarios. Todas sus áreas están señalizadas para brindar una visita única y agradable a todas aquellas personas que quieran conocer sobre la historia de este gran escritor que marcó para siempre la literatura Argentina.

Se puede decir que lo que más caracteriza la obra de Horacio Quiroga es la influencia tanto de la Selva Misionera como de su vida amorosa. En sus palabras se refleja lo más profundo de la naturaleza, su mayor inspiración para la creación de muchas de sus publicaciones, y sus múltiples experiencias en el amor.

Escribió un total de 170 libros, entre los cuales destaca “Los Mensú”, una narración de la tensión entre el hombre y la naturaleza, esta última triunfadora en todos los casos.

Podés visitar este sitio y conocer la impactante Selva Misionera a través de nuestros programas a Misiones, viajando a Puerto Iguazú o Posadas, la capital de la provincia.

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